martes, diciembre 15, 2009

Banfield Campeón


El sueño del Taladro se cumplió en 2009.

En el torneo de la insólita y numerosa cantidad de goles en contra, en el campeonato de las polémicas y denuncias arbitrales, en la liga que marcó el fin del monopolio televisivo que luego pasó a manos del Estado, el Banfield de Falcioni gritó campeón por primera vez en su historia.

Lejos de las alabanzas del tan mentado y comercial "tiki tiki" de Huracán, y más cercano al pragmatismo de equipos sólidos y consolidados con años de trabajo como Estudiantes de la Plata y Vélez Sarsfield, el Taladro justificó la conquista del título en base a un conjunto ordenado, efectivo, aguerrido en todas sus líneas y con futbolistas de experiencia capaces de sostener la ilusión de sus hinchas.

Mérito enorme para Julio César Falcioni, quien confirmó cualidades que había mostrado en su anterior etapa en el club, cuando entre los años 2003-2005 colocó al conjunto albiverde en la consideración local y continental, haciendo algo más que muy interesantes campañas.

Pasó Falcioni por algunos clubes más. Y sin el éxito ni el reconocimiento que supo alcanzar en la que podría ser su segunda casa, decidió emprender el regreso para otro ciclo más en el club. Así terminó de construir y ensamblar un conjunto que contó con un portero experimentado y goleador, como Christian Lucchetti; una zaga central fuerte y firme, compuesta por el Gallego Méndez y Víctor López; un mediocampo con más garra que fútbol, pero con la fantasía a cargo de un volante como Walter Ervitti; y arriba, una delantera temible, formada por los uruguayos Santiago Silva (al fin y al cabo, goleador de la competencia) y Sebastián Fernández.

En esta vorágine caótica que es el fútbol argentino, con partidos a cualquier hora y en cualquier momento, Banfield se impuso en un mano a mano contra Newell´s Old Boys de Rosario, equipo que falló en el sprint final y no pudo coronar con el máximo trofeo la vuelta a la democracia de un club que durante una década y media estuvo sometido a los poderes absolutos de un solo hombre, hoy depuesto por la influencia de sus hinchas y socios.

Banfield campeón, con total justicia. Por ser el más regular y por aprovechar la malaria de los equipos más grandes. Ni Boca, ni River, ni Racing estuvieron a la altura de las máximas aspiraciones. Tan sólo, y por momentos, Independiente y San Lorenzo asomaron como posibles amenazas, pero su andar irregular los terminó relegando.

Como ya lo había hecho su archirrival Lanús, hace dos años y en la misma Bombonera, ahora fue el turno del Taladro. Campeón por primera vez, entonces, y tras 113 años de historia. Quizás pueda ser el comienzo de una nueva era.

lunes, diciembre 07, 2009

Vicios, lealtades y sonrisas


El pasado viernes 4, en Ciudad del Cabo, se presentó la Copa Mundial Sudáfrica 2010, en una ceremonia magestuosa que sirvió para mostrarle al planeta las bondades de un continente que organizará por primera vez en su historia la máxima competición de fútbol.

Además de las presentaciones que antecedieron a la gala del sorteo de partidos, se exhibieron imágenes autóctonas, desfilaron algunas personalidades importantes y tuvo su lugar el himno oficial del torneo, que mezcla sonidos influyentes del reggae y el hip-hop, en una canción que hará, al menos por un rato, que se congele la nostalgia por la entrañable voz de Gianna Nannini en su inolvidable "Un verano italiano", de la Copa de 1990. En suma, hubo mucho glamour, varios flashes y una pomposidad que dista enormemente de lo que representa la realidad de África para el mundo entero.

No obstante, con el mensaje conciliador y pacífico, cuanto menos bienaventurado, de una FIFA que se presenta como una gran familia, los anfitriones ofrecen un combo interesante de ritmo y calor, clima de festividad y alegría, y un auténtico entusiamo por compartir todo lo maravilloso que pueden ofrecer.

El próximo Mundial promete un compromiso con el público que abrace al mundo entero y que se diferencie mucho de la frialdad y el desinterés demostrados en otras copas como las de Estados Unidos 1994 o Japón-Corea 2002, donde la competencia pareció quedar reducida a una mínima expresión y los estadios nunca estuvieron del todo llenos.

Para ejercitar un poco la memoria, bastará decir que la FIFA puso en duda en reiteradas ocasiones la capacidad organizativa de Sudáfrica, llegando a proponer, incluso, otras sedes alternativas que finalmente quedaron exceptuadas.

Blatter, Grondona, Platini, Beckenbauer y toda la parefernalia de la dirigencia top saben del beneficio político que implica trasladar la sede a un continente históricamente rezagado. El actual presidente y vice de la máxima entidad, en particular, conocen los réditos de adjudicarle la localía a Sudáfrica, lo cual implica ganarse un cúmulo de votos importantes y necesarios para seguir manteniéndose en el poder.

Está claro que lo que se presenta como la familia de la FIFA, en realidad, no está muy interesada en otra cuestión que no sea la de facturar. Detrás de sus discursos benevolentes, democráticos y altruistas, que en este caso intentan hacerle creer al mundo entero que le están haciendo un favor a África en su conjunto al darle la oportunidad de organizar la Copa, se vislumbran osucras intenciones. Porque, en verdad, si hay un favor que la principal cúpula dirigencial tendrá que tener en cuenta es la que le retribuirá adhesiones para seguir perpetuándose la mayor parte de la torta. Es así de simple y así de claro.

De todos modos, entre tanto negocio y materialismo extremo, convendría pensar un poco en el juego en sí y aventurar, por qué no, que la próxima Copa del Mundo será una verdadera fiesta. Y todo ello muy a pesar, claro, de los hombres que gustan en vestir sus guantes blancos.

lunes, noviembre 16, 2009

Cuenta regresiva


Decretada la angustiante clasificación para la próxima Copa del Mundo, Argentina comienza a transitar el tiempo de la preparación para la máxima cita que tendrá lugar en algunos meses.

El partido contra España fue una buena medida para medir en qué nivel se encuentra el equipo conducido por Diego Maradona.

Frente a la mejor selección europea del momento, Argentina no logró estar a la altura de las circunstancias. Lo ajustado del resultado no se correspondió con el real desarrollo del juego, en el que durante gran parte del mismo predominó el dominio de los españoles, viéndose reflejada esa superioridaad en los pies de Xavi, Iniesta y Xabi Alonso.

La Selección Nacional, parada con un 4-4-2 descompensado (con laterales que no se proyectaron; una zaga central dubitativa; un mediocampo sin fluidez, solidez ni recorrido; y una línea atacante demasiado aislada del resto de la alineación), nunca pudo equiparar la fuerza de los españoles, quienes con un superlativo pressing anularon todo intento de salida y distribución del balón por parte de nuestros jugadores.

El primer gol de España fue una consecuencia lógica de las virtudes de sus principales futbolistas y de defectos de los nuestros, quienes estuvieron muy erráticos en la marca al punto de abusar del juego brusco.

En el segundo tiempo pareció que Argentina equilibraba el juego, pero sólo se trató de un oasis en el que llegó la jugada de Maxi Rodríguez que generó el penal convertido por Lionel Messi.

Más allá de la merecida victoria sobre el final del conjunto español, con un penal cometido por una mano de Martín Demichelis, la sensación que queda es que nuestro seleccionado sigue sin encontrar una identidad de equipo. Débil en defensa y sin respuestas en la línea media, tampoco se mostó agresivo en el ataque. Evidentemente, aún no se potencia a sus principales exponentes para que lastimen al rival. Messi, Higuaín y Tevez - cuando ingresó - no fueron las soluciones ofensivas de un equipo que no tiene un real apoyo desde el mediocampo, ya sea para elaborar juego en el ataque o para obstruir el circuito táctico del rival.

Un futbolista como Lionel Messi, apañado por la prensa y de reconocido nivel internacional, sigue mostrando una versión tibia con la casaca albiceleste, muy lejos de la desequilibrante figura que brilla en Barcelona. En esas circunstancias, habrá que creer que existe una importante responsabilidad del entrenador, quien no puede ensamblar un conjunto en torno al futbolista que mejores y mayores condiciones tiene para ser la carta del triunfo.

Está claro que tampoco será ése el único camino que nos haga crecer hasta convertirnos en una selección fuerte. Faltan muchas otras virtudes que hoy parecen brillar por su ausencia: liderazgo, calidad, solidez y, fundamentalmente, fútbol.

Todavía queda tiempo, pero habrá que estar muy atentos porque los partidos que haya de cara al Mundial no serán muchos y la cuenta regresiva acabó de comenzar.

martes, noviembre 10, 2009

La importancia de Pekerman

Hugo Tocalli y José Pekerman, claves en la reestructuración del fútbol juvenil argentino.



Algo está pasando en el fútbol argentino. Y no son buenas noticias, claro. Luego de una reestructuración inédita y exitosa en las categorías juveniles a partir de la llegada de José Pekerman y todo su equipo de trabajo en 1994, la realidad actual indica que se está derrumbando todo aquello que se supo cosechar en buena ley.

El cambio de mando introducido a dedo por el mandamás del fútbol argentino, Julio Humberto Grondona, quien sin ningún justificó aparente desplazó a Hugo Tocalli de su cargo luego de que él mismo hubiera sido el seleccionador del juvenil que obtuvo el Mundial Sub 20 de Canadá 2007, desnudó las carencias de una dirigencia que, acostumbrada a dar volantazos, no apuesta a proyectos de largo plazo sino a la inmediatez de los resultados. La única vez que se creyó en los proyectos fue, justamente, aquella oportunidad en que José Pekerman presentó una carpeta de trabajo para lograr ser elegido el entrenador de los seleccionados juveniles.

La llegada de la denominada "Generación del ´86" no ha reportado grandes beneficios. Si bien Sergio Batista condujo a la Selección Sub 23 a quedarse con los JJOO de Beijing 2008, también hay que adjudicársele el estrepitoso fracaso de no poder clasificar a la Sub 20 al Mundial de Egipto.

Para la Sub 17 - una categoría históricamente más esquiva para los éxitos -, los resultados no han sido tampoco alentadores. El equipo de José Luis Brown logró la clasificación al Mundial de Nigeria pero no logró pasar de octavos de final, perdiendo contra Colombia de manera increíble y en los últimos minutos un partido que estaba ganando por 2-0.

Al margen de estas circunstancias, conviene hacer una nueva revisión de la larga era a cargo de José Pekerman y Hugo Tocalli. ¿Realmente han logrado el objetivo de formar jugadores para nutrir a los Seleccionados Mayores? ¿Lograron generar futbolistas en puestos donde la Mayor no encuentra referencias? ¿Pudieron colocar a sus juveniles en la élite del fútbol mundial?

El paso del tiempo viene a refutar algunas verdades. Es cierto que el trabajo de Pekerman y compañía ha redituado en varios aspectos al fútbol juvenil de la Argentina: se lograron campeonatos, hubo un ejemplo de conducta y compromiso, salieron futbolistas que enriquecieron las arcas de sus clubes de origen y estuvo en alza el prestigio del Seleccionado.

Ahora bien, también es menester destacar que ese mismo trabajo, largamente ponderado desde un facilismo que no indaga en cuestiones más profundas, no ha podido ni sabido cubrir ciertas carencias.

Desde que la Selección Mayor ha dejado de obtener triunfos importantes - el último fue en la Copa América de 1993 en Ecuador -, no ha tenido grandes variantes en puestos clave: durante años, el arco se repartió entre varios competidores sin lograr dar la talla en algún indiscutido; Javier Zanetti fue el único lateral derecho competitivo que nuestra alineación logró ostentar hasta el momento; Roberto Ayala se trató de un primer zaguero que jamás tuvo recambio hasta su voluntario retiro de la Selección; Juan Pablo Sorín, producto de la cantera de Pekerman, quizás haya sido el último lateral izquierdo reconocido que haya tenido nuestro fútbol. En el sector del mediocampo quizás haya sido el lugar donde mayores frutos se hayan obtenido, aunque ninguno de los futbolistas que brillaron siendo jóvenes lograron consolidarse y lograr el mismo nivel que prometían. Y en el ataque, el retiro de Gabriel Batistuta dejó un vacío que el fútbol juvenil no logró suplir, quedándose huérfano de goleadores de área.

Es sabido que Pekerman ha logrado generar varios jugadores. Su trabajo fue pródigo en mediocampistas centrales: Cambiasso, Mascherano, Gago. También en estrategas: Ibagaza (sin chances concretas en la Mayor), Riquelme, Aimar, D´Alessandro. Y en otros futbolistas de categoría, hoy reconocidos por el fútbol más caro del mundo: Samuel, Saviola, Maximiliano Rodríguez, Tevez, Agüero y, claro está, Messi.

Sin embargo, en el haber cuesta hallar el vaso demasiado lleno. Y para muestra de ello basta la simbólica imagen del partido que la Argentina de Maradona disputó contra Paraguay en Asunción, por las Eliminatorias. Perdiendo por un gol, el entrenador mandó a la cancha a dos experimentados jugadores de más de 35 años para que dirimieran la cuestión. Esa doble amenaza en el área guaraní entre el cabezazo asistidor Martín Palermo y la tardía llegada de Rolando Schiavi para empatar en el epílogo de un partido decisivo puede que resuma el espíritu de un fútbol que, a pesar de tener sus épocas de vacas gordas, no supo administrar su propia riqueza.

jueves, octubre 29, 2009

El imperio de la FIFA

Joseph Blatter, presidente de la FIFA.


El destino del fútbol mundial tuvo un antes y un después del otrora presidente de la confederación, el brasileño Joao Havelange, quien estuvo en el cargo entre 1974 y 1998. Con él, el deporte creció considerablemente como negocio, llevándose a cabo un sistema que le fue dando mayor lugar a los derechos de televisión, las publicidades y, en conjunto, a un expansionismo que logró instalar en todo el planeta el nombre de la FIFA como marca registrada.

Luego de su alejamiento del máximo organismo, fue el turno de su mano derecha, el suizo Joseph Blatter, actual mandamás de un imperio que se va consolidando como una extraordinaria maquinaria de facturar millones.

Deberá reconocérsele a los principales y actuales dirigentes - entre los que se incluye al nunca bien reputado vicepresidente Julio Grondona - su astuta visión para hacer del fútbol un espectáculo realmente mundial e inevitablemente multiculltual-político-social, que en la era del mercantilismo se reproduce de manera exponencial e insospechada.

Desde aquel camino iniciado por Joao Havelange hasta éste continuado por Joseph Blatter - y que parece no querer detenerse -, se han multiplicado todo tipo de competiciones: además del Mundial de Mayores cada cuatro años, hay Mundiales Juveniles - Sub 20, Sub 17 -, mayor cantidad de competencias internacionales e intercontinentales, mayor número de equipos participando, mayores instancias de clasificación y un mecanismo de eliminatorias entre seleccionados y equipos que hacen a la pelota no detenerse nunca.

Se han incrementado enormemente la cantidad de partidos que debe disputar el deportista. Por tomar un caso típico, un futbolista de élite, hace veinte años, podía llegar a jugar un máximo de cincuenta partidos por temporada en el año que conducía al Mundial de Mayores - contando partidos de Liga, partidos de Copas Internacionales y partidos entre selecciones -. Hoy día, un futbolista de élite, en las mismas circustancias, debería disputar alrededor de veinte partidos más, con todo el desgaste físico y emocional que ello implica.

Cabría preguntarse, entonces, para aquellos que cuetionan el actual nivel del fútbol mundial - tan denostado últimamente - si el negocio no mató lentamente a lo más pulcro del deporte. Sería pertinente, además, interrogarse si vale la pena rescatar parte de una esencia que se va perdiendo. Y, ya que estamos, podría preguntársele a la FIFA para qué equipo está jugando, si es que, todavía, la respuesta da lugar a dudas.