Banfield Campeón
En el torneo de la insólita y numerosa cantidad de goles en contra, en el campeonato de las polémicas y denuncias arbitrales, en la liga que marcó el fin del monopolio televisivo que luego pasó a manos del Estado, el Banfield de Falcioni gritó campeón por primera vez en su historia.
Lejos de las alabanzas del tan mentado y comercial "tiki tiki" de Huracán, y más cercano al pragmatismo de equipos sólidos y consolidados con años de trabajo como Estudiantes de la Plata y Vélez Sarsfield, el Taladro justificó la conquista del título en base a un conjunto ordenado, efectivo, aguerrido en todas sus líneas y con futbolistas de experiencia capaces de sostener la ilusión de sus hinchas.
Mérito enorme para Julio César Falcioni, quien confirmó cualidades que había mostrado en su anterior etapa en el club, cuando entre los años 2003-2005 colocó al conjunto albiverde en la consideración local y continental, haciendo algo más que muy interesantes campañas.
Pasó Falcioni por algunos clubes más. Y sin el éxito ni el reconocimiento que supo alcanzar en la que podría ser su segunda casa, decidió emprender el regreso para otro ciclo más en el club. Así terminó de construir y ensamblar un conjunto que contó con un portero experimentado y goleador, como Christian Lucchetti; una zaga central fuerte y firme, compuesta por el Gallego Méndez y Víctor López; un mediocampo con más garra que fútbol, pero con la fantasía a cargo de un volante como Walter Ervitti; y arriba, una delantera temible, formada por los uruguayos Santiago Silva (al fin y al cabo, goleador de la competencia) y Sebastián Fernández.
En esta vorágine caótica que es el fútbol argentino, con partidos a cualquier hora y en cualquier momento, Banfield se impuso en un mano a mano contra Newell´s Old Boys de Rosario, equipo que falló en el sprint final y no pudo coronar con el máximo trofeo la vuelta a la democracia de un club que durante una década y media estuvo sometido a los poderes absolutos de un solo hombre, hoy depuesto por la influencia de sus hinchas y socios.
Banfield campeón, con total justicia. Por ser el más regular y por aprovechar la malaria de los equipos más grandes. Ni Boca, ni River, ni Racing estuvieron a la altura de las máximas aspiraciones. Tan sólo, y por momentos, Independiente y San Lorenzo asomaron como posibles amenazas, pero su andar irregular los terminó relegando.
Como ya lo había hecho su archirrival Lanús, hace dos años y en la misma Bombonera, ahora fue el turno del Taladro. Campeón por primera vez, entonces, y tras 113 años de historia. Quizás pueda ser el comienzo de una nueva era.






