domingo, junio 13, 2010

Buen comienzo

Jugada preparada y gol del Gringo Heinze, clave para empezar ganando.


Se acabaron las palabras. Arrancó el Mundial para Argentina. Sin recetas ni fórmulas infalibles, la aventura albiceleste se sustenta, fundamentalmente, en la reconocida calidad de sus futbolistas, figuras determinantes en varios de los principales equipos del continente europeo. Con el aura de Diego Maradona desde el banco de suplentes, quizás alcance, quizás no. El fútbol sí que es imprevisible y varias cosas pueden llegar a suceder.

La formación inicial presentó una variación sustancial en relación a lo que el propio entrenador había afirmado ante la prensa, luego del amistoso contra Alemania hace unos meses. Tras aquella ocasión, Maradona sostuvo que la mejor formación para su equipo era apostar por una táctica modelo 4-4-2; con cuatro centrales en el fondo, un mediocampista de marca en el medio acompañado por tres laderos con más fútbol que contención, y dos puntas que se movieran por todo el frente de ataque. La apuesta, si se la consideraba en su justa dimensión, parecía ser acertada: en un Mundial, lo principal es defender, asegurar el cero en el arco propio. Adelante, la pirotecnia ofensiva del seleccionado ameritaba la confianza de que la decantación del gol iba a llegar en cualquier momento. Además de todo ello, se sabía que los partidos más destacados de la Argentina de Maradona habían sido con un módulo táctico que perfilaba más el juego de contra que aquel en el cual asumía de por sí el protagonismo. Para muestra de ello, además del citado partido contra Alemania, habría que remontarse al definitorio partido contra Uruguay en el Centenario de Montevideo por las Eliminatorias y al auspicioso choque contra Francia en Marsella a comienzos del año pasado. En todas esas ocasiones, Argentina ganó mostrando tenacidad en la marca y justeza en la definición. Con el arco invicto, el esquema pareció rendir sus mejores frutos.

Pero algo debió haber ocurrido para que Diego Armando cambiara su estrategia. Ambición, le llaman algunos. Y puede ser. El constante compromiso de Carlos Tevez, por caso, ameritó su inclusión en el once titular. Para hacerle un lugar, el entrenador resignó a uno de los laterales, derivando en esa posición a Jonás Gutiérrez, quien así abandonó el sector derecho del mediocampo para recostarse más hacia la parte externa de la defensa, un lugar que, por lo visto, no le ha sentado muy bien, ya que por físico y condiciones, no parece ser un jugador acostumbrado a la marca y la salida rápida, claves para lo que exige un puesto como al que fue destinado.

Con Tevez el equipo iría a ganar en capacidad ofensiva. Liberaría a la carta principal del equipo, Lionel Messi, y sería un acompañamiento interesante para un delantero como Gonzalo Higuaín, quien sabe aguantar el balón cuando recibe de espaldas y se ubica en los costados para ser descarga.

Con esa formación para el partido contra Nigeria, el punto débil del equipo fue el sector derecho de la defensa, despotegida a su vez por un mediocampo que no supo sincronizar los relevos. Mascherano quedó muy solo en la recuperación, Di María no fue solución por la banda izquierda y Verón no pudo usufructuar el mejor juego que hace, que es el de darle claridad a un equipo a partir de su posición estratégica que se sitúa en el medio del campo campo, más precisamente a la izquierda del círculo central: desde allí juega y hace jugar. A los 35 años, el capitán de Estudiantes de La Plata tuvo que recostarse hacia la derecha para auxiliar a un desbordado Jonás Gutiérrez, pero sin el trajín que se requiere para cubrir la banda, quedó deslucido y desaprovechado.

Lo más saliente del partido fue la inteligencia de Lionel Messi. Movedizo, comprometido, incisivo, jugó por todo el frente de ataque y se recostó unos metros más atrás para llegar por sorpresa. Sólo le faltó el gol, pero de sus pies salieron las mejores jugadas que hilvanó el seleccionado, que hizo un interesante partido ante un rival débil que tuvo en su arquero a la figura del cotejo.

El gol de Heinze fue obra de una jugada preparada. Ubicado en la medialuna del área, el defensor esperó el centro al punto del penal ejecutado por Verón, mientras Samuel hizo la cortina para que su compañero cabeceara libremente y decretara el resultado, al comienzo del partido. Eso le dio cierta tranquilidad al equipo, aunque con el correr de los minutos, quedó la sensación de que hay muchas cosas por mejorar. Pero hay motivos para creer. Y eso es importante.

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