lunes, mayo 24, 2010

El sueño de Moratti


Inter de Italia es campeón de Europa. La escena, que tuvo que esperar cuarenta y cinco largos años, desde las gloriosas épocas de Helenio Herrera, ahora vuelve a repetirse bajo la conducción de José Mourinho, el mediático entrenador portugués que con su inteligencia, discplina y rigor táctico le devolvió el merecido protagonismo a un grande del fútbol.

Festeja el presidente Moratti, obnubilado en tantas ocasiones al punto de comprar indiscriminadamente a los mejores valores para hacer de su escuadra, la mejor de todas. Pero, al fin y al cabo, y tras varios intentos fallidos, supo encontrar la fórmula del éxito en base al trabajo bien planificado, con grandes futbolistas pero lejos de resultar constelaciones.

El Inter es un equipo multicultural, sin italianos en su habitual once titular. Esta base de jugadores comenzó a torcer el rumbo de muchos años de frustraciones ganando cinco scudettos al hilo - el primero de ellos, en los estrados; el segundo, sin Juventus como competencia, descendido a la segunda división por estar involucrado en casos de corrupción y arreglo de partidos; y el tercero ya sí, inobjetable, hasta la cuarta y quinta liga, la última lograda hace unas semanas -. Sólido en Italia, intentó volver a conquistar al mundo. Y lo logró. En la actual temporada, además, ganó la triple corona - Scudetto, Copa Italia, Champions League -.

No quedará en la historia como un gran equipo, de ésos que marcan una huella, acaso como sí lo fueron el Barcelona de Guardiola o el Milan de Arrigo Sacchi. Pero sí deja una impronta. El fútbol tacticista pudo contra la belleza lírica representa actualmente por un conjunto catalán que perdió las semifinales de manera inobjetable. La serie entre Inter - Barcelona será recordada por mucho tiempo. Tras haber ganado 3-1 en el partido de ida, Mourinho diseñó una ingeniería defensiva para contrarrestar el ataque voraz de un Barsa que, como local, saldría a liquidarlo. Pero no pudo hacerlo. En un partido meramente pensado en la pizarra, Inter defendió colocando un jugador por cada uno de los futbolistas que puso Barcelona en función de ataque. El equipo de Guardiola tuvo dominio territorial durante gran parte del cotejo, pero no supo emparejar la serie y a pesar de haber ganado en los noventa por la mínima diferencia se quedó eliminado.

Inter gana en buena ley. Venció al Bayern Munich de Van Gaal sin dejar dudas. Tenaz, persistente, ordenado, es claro vencedor de una competición cada vez más encumbrada. En la final jugada en Madrid, el equipo de Mourinho justificó su victoria en la experiencia inoxidable de Javier Zanetti, un todo terreno que se acopla y adapta a diferentes posiciones; un cerebro como Esteban Cambiasso, amo y señor de un mediocampo donde se encarga de marcar los ritmos del partido; una muralla como Walter Samuel, cuyo rendimiento rememora aquel gran nivel del defensor cuando jugaba en la Roma; y un goleador como Diego Milito, inteligente desde lo táctico, decisivo en el área y en el mejor momento de su carrera. También habrá que mencionar a su arquero Julio César, enorme a la hora da volar de palo a palo y sacar balones imposibles; y un lateral ofensivo como Maicon, de la escuela de un fútbol que todavía valora la función de los defensores ubicados a los extremos del campo de juego. Samuel Etó´o, figura del Barcelona campeón de la Champions pasada, también hizo su aporte; aunque esta vez sin ser el delantero centro. Subordinó su función a una de reparto y ejecutó a la perfección el plan planteado.

A José Mourinho, también, marche un merecido reconocimiento. Por su sabiduría y su forma de entender el juego, más allá de que en lo estrictamente personal sus desmanes lo coloquen como una personalidad absorbida por el histriónico personaje que construyó. Él sabe que, lo mejor que puede hacer, es dirigir. Mal no le va y hoy logra que, por su trabajo, todo el mundo hable de él.

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