miércoles, enero 27, 2010

Palabras que se lleva el viento

Llama la atención cómo las verdades en el fútbol adquieren rasgos tan cambiantes como contradictorios. Lo que ayer fue una certeza, hoy se pone en duda y mañana, por caso, se rechaza.

El periodismo siempre hace su propio juego y en la inmediatez de los acontecimientos puede que incurra en exageraciones, muchas de ellas infundadas, o demasiado elocuentes como para ser comprobada en los hechos. El facilismo con el que se brindan ciertas afirmaciones hace pensar que la realidad es mucho más compleja y que no se puede decir algo tan tajantamente sin haberlo pensado antes.

Este blog no es la excepción en cuanto a opiniones se refiere. Desde aquí, por ejemplo, se ha celebrado el regreso de Carlos Bianchi a la rueda mágica del fútbol, esta vez en condición de dirigente de Boca Juniors y la incorporación de Cristian Fabbiani a un alicaído River Plate que se encuentra huérfano de idolatrías.

Ni uno ni otro han logrado satisfacer las expectativas. Generaron entusiasmo en la gente, fueron motivo de ilusión, pero no pudieron estar a la altura de las circunstancias.

El trabajo de Bianchi pueda que haya tenido aristas positivas, pero también no se debe dejar de reconocer que prevaleció un manejo poco claro de algunas situaciones, no por la honestidad del personaje en cuestión, sino por sus controvertidas decisiones que también pusieron en evidencia la agitada política interna del club.

Por su parte, el juego de Fabbiani ha sido muy pobre, a excepción de un puñado de partidos con la camiseta de la banda roja, sobre todo los primeros. Un gol, una asistencia y mucho boom mediático lo colocaron en un pedestal que no pudo asumir como tal. Demasiada exposición para tan poca demostración terminaron sellando su destino.

Y así les fue. Mal. Aunque cueste reconocerlo. Pero también les fue mal a quienes han alabado por anticipado a personajes que, habiéndose destacado positivamente en algún momento, ya no lo lograron luego. Porque el éxito es efímero y se tiene que reafirmar todos los días. Y esto también va para los formadores de opinión.

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