Vicios, lealtades y sonrisas
El pasado viernes 4, en Ciudad del Cabo, se presentó la Copa Mundial Sudáfrica 2010, en una ceremonia magestuosa que sirvió para mostrarle al planeta las bondades de un continente que organizará por primera vez en su historia la máxima competición de fútbol.
Además de las presentaciones que antecedieron a la gala del sorteo de partidos, se exhibieron imágenes autóctonas, desfilaron algunas personalidades importantes y tuvo su lugar el himno oficial del torneo, que mezcla sonidos influyentes del reggae y el hip-hop, en una canción que hará, al menos por un rato, que se congele la nostalgia por la entrañable voz de Gianna Nannini en su inolvidable "Un verano italiano", de la Copa de 1990. En suma, hubo mucho glamour, varios flashes y una pomposidad que dista enormemente de lo que representa la realidad de África para el mundo entero.
No obstante, con el mensaje conciliador y pacífico, cuanto menos bienaventurado, de una FIFA que se presenta como una gran familia, los anfitriones ofrecen un combo interesante de ritmo y calor, clima de festividad y alegría, y un auténtico entusiamo por compartir todo lo maravilloso que pueden ofrecer.
El próximo Mundial promete un compromiso con el público que abrace al mundo entero y que se diferencie mucho de la frialdad y el desinterés demostrados en otras copas como las de Estados Unidos 1994 o Japón-Corea 2002, donde la competencia pareció quedar reducida a una mínima expresión y los estadios nunca estuvieron del todo llenos.
Para ejercitar un poco la memoria, bastará decir que la FIFA puso en duda en reiteradas ocasiones la capacidad organizativa de Sudáfrica, llegando a proponer, incluso, otras sedes alternativas que finalmente quedaron exceptuadas.
Blatter, Grondona, Platini, Beckenbauer y toda la parefernalia de la dirigencia top saben del beneficio político que implica trasladar la sede a un continente históricamente rezagado. El actual presidente y vice de la máxima entidad, en particular, conocen los réditos de adjudicarle la localía a Sudáfrica, lo cual implica ganarse un cúmulo de votos importantes y necesarios para seguir manteniéndose en el poder.
Está claro que lo que se presenta como la familia de la FIFA, en realidad, no está muy interesada en otra cuestión que no sea la de facturar. Detrás de sus discursos benevolentes, democráticos y altruistas, que en este caso intentan hacerle creer al mundo entero que le están haciendo un favor a África en su conjunto al darle la oportunidad de organizar la Copa, se vislumbran osucras intenciones. Porque, en verdad, si hay un favor que la principal cúpula dirigencial tendrá que tener en cuenta es la que le retribuirá adhesiones para seguir perpetuándose la mayor parte de la torta. Es así de simple y así de claro.
De todos modos, entre tanto negocio y materialismo extremo, convendría pensar un poco en el juego en sí y aventurar, por qué no, que la próxima Copa del Mundo será una verdadera fiesta. Y todo ello muy a pesar, claro, de los hombres que gustan en vestir sus guantes blancos.



2 Comments:
La FIFA es una máquina de hacer dinero, les da igual Sudáfrica o su población. Ellos llevan su negocio y a vivir muy bien. Un abrazo.
FERNANDO: Totalmente de acuerdo.
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